viernes, 26 de mayo de 2017

El siglo de las luces

El escritor cubano Alejo Carpentier se apropia de los acontecimientos de la Revolución Francesa (donde se conjugaron lo más sublime y lo más vil del ser humano) para tejer, desde una perspectiva americana, la trama de su obra histórica El siglo de las luces, publicada en 1962.
Escrita en un estilo neo barroco la novela deslumbra por su vitalidad y maestría en el arte de combinar un conocimiento enciclopédico.
La historia empieza en La Habana donde las noticias del exterior apenas repercuten en la vida de tres adolescentes: Carlos, Sofía y Esteban; hasta que las circunstancias, junto con la llegada de Víctor Hughes -un extranjero-, los envuelven en el fárrago de los cambios radicales que se operaron en Europa y América a finales del siglo XVIII e inicios del XIX.
Esteban se involucra directamente en la revolución y el Terror que ésta desata, tanto en Francia como en las Antillas. Especialmente en la isla de Guadalupe trabaja a la sombra de Víctor Hughes (un personaje histórico poco conocido y tan contradictorio como todos los que participaron en el suceso de mayor importancia de la época), quien es designado, por las distintas facciones que se suceden en el poder, para imponer las leyes dictadas en París que cambian con el vaivén de los intereses personales o económicos, como es el caso del Decreto del 16 Pluvioso del año II, sobre la manumisión de los esclavos, que será abolido más adelante.
A los pocos años, después de haber trabajado en su consolidación, Esteban, desencantado, regresa a La Habana y advierte a Sofía y a quienes todavía creen en las bondades del Nuevo Régimen: "Cuidémonos de las palabras hermosas; de los Mundos Mejores creados por las palabras. Nuestra época sucumbe por un exceso de palabras. No hay más Tierra Prometida que la que el hombre puede encontrar en sí mismo.”

viernes, 19 de mayo de 2017

Wilt

Wilt
Tom Sharpe, con un afilado sentido del humor y una gran habilidad para la ironía cuenta en su novela Wilt, publicada en 1976, los acontecimientos en los que se ve envuelto un profesor que dicta clases de literatura en una escuela de artes y oficios.
Henry Wilt tiene que lidiar con el fuerte carácter de su esposa, con la incompetencia administrativa del lugar donde trabaja y con la resistencia que oponen sus estudiantes a los conocimientos que pretende impartirles. Por otro lado Eva Wilt, su esposa, intenta suplir sus insatisfacciones y la indiferencia de él dedicándose con brío y absoluto compromiso a la limpieza compulsiva y a actividades tan disímiles como la cerámica o el yoga.
Es un mundo que se desenvuelve monótonamente, hasta que empieza a desmoronarse cuando Henry Wilt decide poner en práctica el plan que ha acariciado durante algún tiempo: asesinar a Eva. Pero las cosas se complican cuando ella se involucra con una pareja norteamericana que profesa las ideas progresistas que hacían carrera en la academia norteamericana de los setenta.
La desaparición de Eva y la creencia de que ésta ha sido asesinada, permite que entre en escena un inspector de policía que con su tendencia a sacar conclusiones obvias de la realidad inicia una investigación de la que se conoce el resultado de antemano.
En esta novela el absurdo y la lógica se mezclan indistintamente, no sólo para explicar una serie de sucesos que rodean unas supuestas muertes, sino también para diseccionar, con agudeza, la sociedad de la época en que se desarrolla la historia; no muy diferente de la actual.

viernes, 12 de mayo de 2017

Seda


“Como por un singular precepto, dondequiera que fuese, aquel hombre andaba en una soledad incondicional y perfecta.”
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Hervé Joncour el protagonista de Seda, la novela de Alessandro Baricco publicada en 1996, tiene un trabajo poco habitual, debe recorrer cientos de kilómetros para comprar huevos de gusano en Siria y Egipto. Pero las circunstancias lo harán viajar más lejos, hasta el Japón, el país más exótico de todos en 1862.
En los confines del mundo encontrará, después de recorrer ocho mil kilómetros, una mirada, que es tan elocuente, que no necesita palabras para expresar todo lo que siente una mujer con rostro de niña y ojos occidentales.
Este hombre, para quien la vida no presenta tropiezos, se ve ante a un misterio que lo perturba pero que no cambia su mundo.
Las vicisitudes del comercio de la seda quedan en un segundo plano ante un sentimiento que no se expresa en palabras sino mediante símbolos y con las metáforas que están en el fondo y en la superficie de una novela tan concisa como un poema o un cuento.
En esta novela no sobra nada. En escasas setenta páginas y con casi diez personajes el autor es capaz de hacernos recorrer el mundo de oeste a este y viceversa y de enseñarnos la forma que puede adoptar una pasión tan reposada como intensa.
De los personajes que aparecen en esta historia sólo dos (la esposa de Hervé y la japonesa que vive en una fiesta continua) se mueven en un mundo tan real y tangible que no logran influir en la vida del protagonista. Únicamente la mujer que aparece por primera vez ante sus ojos ataviada con un vestido rojo como una llama le enseña a descubrir lo que es la maravilla.

viernes, 5 de mayo de 2017

Las imágenes de Alicia

Por su complejidad la lectura de Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas, publicada en 1865, siempre será un reto para cualquier lector. Pero leer este libro es una experiencia digna de repetirse, no sólo porque es una obra magistral sino porque cada cierto tiempo aparece una nueva propuesta visual de esta historia que vio la luz por primera vez en plena época victoriana.
Psiquiatras de la talla de Jacques Lacan y filósofos como Gilles Deleuze le han dedicado sendos estudios o comentarios a la obra de Lewis Carroll. Sin embargo, son quizás los artistas e ilustradores de diversa índole quienes la han consagrado como uno de los libros de imprescindible lectura en el amplio universo de la literatura. Aunque no hay que olvidar que el cine y el teatro han contribuido a esta difusión rodando películas de aceptación variable.
Desde que John Tenniel hizo sus dibujos para la primera edición, han sido muchos los que han representado el mundo de Alicia y las paradojas en las que nos sumerge. Incluso Salvador Dalí plasmó las inquietudes que le despertó, planteando otras con sus pinturas y dibujos.
Lo que sí no se ha hecho, ni aun en las adaptaciones más edulcoradas, es desvirtuar el sinsentido y el absurdo que conforman la historia y que la hacen enigmática a veces, pero siempre seductora.
Hasta ahora la última “Alicia” es tal vez la de Rebecca Dautremer, quien nos presenta su propia versión de los personajes y del espacio por el que estos se mueven incesantemente. Sus ilustraciones y bocetos de trazo sutil son tan inquietantes como el texto que acompañan. Nos muestra un País de las maravillas distinto al que conocíamos y con algunos detalles anacrónicos añade nuevas paradojas a una obra difícil de ser superada. La reina de corazones, la falsa tortuga o la oruga fumadora tienen aquí un aspecto muy diferente al que estábamos acostumbrados.
Este libro que fue publicado por primera vez en francés en el 2010 y en español en el 2012, ya ocupa un lugar especial en el variado mundo que se ha ido gestando a partir de una obra que tiene más de 150 años y que sigue tan vigente como al principio.