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viernes, 13 de octubre de 2017

Un artista del mundo flotante

Masuji Ono en Un artista del mundo flotante (1986), del escritor británico de origen japonés Kazuo Ishiguro (premio nobel de literatura, 2017), relata cómo es su vida en el Japón de posguerra. Entrelaza su mundo cotidiano con hechos del pasado, aunque a veces piensa que tal vez sus recuerdos no sean fidedignos porque sabe que la memoria es alterada por múltiples fenómenos.
Recuerda el "Mundo flotante", el barrio de placer, fielmente retratado por los pintores adscritos a diferentes escuelas; los cuestionamientos sobre el verdadero papel del arte en la sociedad o las discusiones en torno a la forma de pintar que seguía las pautas definidas por los artistas del grabado (Ukiyo-e), como Kitagawa Utamaro, quien ejerció una gran influencia en el mundo del arte desde el siglo XIX, no solo en Japón.
Después de haber sido un pintor de renombre Masuji Ono se ve relegado e incluso censurado por las nuevas generaciones (incluida su propia familia) que no comparten su posición política durante la guerra. Y es que los nuevos vientos que recorren el Japón en 1948 anuncian un giro sustancial en la manera de ver el mundo, aunque las costumbres de la vida doméstica permanezcan; como las complicadas negociaciones para llevar a cabo un matrimonio o la profunda relación de respeto entre maestro y alumnos, por ejemplo.
Esta novela, que evoca a escritores como Junichiro Tanizaki, Natsume Sōseki u Osamu Dazai, da cuenta de un periodo poco conocido (1948-1950) de un país que tuvo que sobreponerse a la destrucción sacrificando muchas de sus raíces culturales, con el fin de adoptar un estilo de vida occidental, para sobrevivir.