sábado, 28 de septiembre de 2019

La esposa del rufián

“…jamás había contemplado a Guy como a un hombre, sino como a un ser casi fabuloso.”
*************************

De la producción de Dashiell Hammett, uno de los maestros de la novela negra, hay que resaltar la calidad de sus cuentos menos conocidos y entre ellos aquellos donde dibuja con particular agudeza unos excepcionales perfiles psicológicos. Ese es el caso de La esposa del rufián, publicado en 1925, donde una mujer que espera la llegada de su esposo deberá enfrentar una realidad que sólo ha entrevisto mediante las palabras del hombre que le cuenta sus aventuras en ultramar de una manera siempre deslumbrante.
Margaret Tharp espera a su esposo Guy con ansiedad. Cuando está a su lado se olvida de la vida gris que lleva junto a sus conocidos y allegados, aunque secretamente disfruta de la compasión que sienten estos por creerla desgraciada al estar unida a un hombre basto y alborotador que se mantiene al filo de la ley, cuando no es que la viola abiertamente. En esta ocasión la expectativa tiene un ingrediente adicional: la misteriosa aparición de un personaje que se ha presentado intempestivamente en su casa averiguando por Guy.
Cuando al fin llega el hombre que viene de navegar por lugares con nombres tan exóticos y misteriosos como las mismas historias que narra, lo que al principio parece un retorno como los anteriores se ve opacado cuando Margaret menciona al hombre que ha indagado por Guy. A pesar de que éste no parece darle importancia, la atmósfera de la casa se vuelve tensa de inmediato.
Cuando llega el momento de la peligrosa confrontación entre Guy y el hombre que lo esperaba, toda la sordidez de la vida que ha llevado el marinero se hace evidente y a Margaret, que vivía en una especie de novela de aventuras permanente, sólo le preocupa que la imagen de Guy se le desmorone y quede en evidencia que ella no es la mujer de un gigante.