viernes, 25 de mayo de 2018

El gran Gatsby

Eran personas descuidadas, (...) dañaban las cosas y a las personas y, entonces se refugiaban en su dinero o en su gran indiferencia, o en lo que fuera que los mantenía juntos, y dejaban que la otra gente limpiara los regueros que habían dejado...
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En el verano de 1922 Jay Gatsby, un recién llegado a la ciudad de New York, deslumbra a la alta sociedad dando grandes fiestas en su casa de la playa. Aparentemente sólo quiere divertirse, como la variopinta multitud que lo visita, pero detrás de su aire despreocupado hay una intención muy definida.
¿Quién es Jay Gatsby? ¿Acaso es otro joven adinerado o uno de los que alcanzó el sueño americano sin importar los medios a los que tuvo que recurrir para lograrlo? Para la sociedad neoyorkina no pasa de ser la atracción del momento y su casa el lugar donde se puede conseguir diversión y licor con facilidad. Las historias que corren sobre su procedencia lo hacen más atractivo aunque para la mayoría no deja de ser un advenedizo.
Nick Carraway, el narrador, se involucra en sus planes cuando éste le confiesa la razón para llevar ese tren de vida: reanudar su relación con Daisy, la chica que dejó cinco años atrás para enlistarse en el ejército y pelear en la Gran Guerra.
Pero las cosas no son tan simples. Para conseguir el dinero que le permite vivir de esa manera Gatsby ha tenido que involucrarse con personajes poco recomendables y este hecho puede influir en la decisión de Daisy al momento de escoger entre él y su esposo Tom Buchanan.
En su novela El gran Gatsby, publicada en 1925, F. Scott Fitzgerald analiza la característica doble moral de la sociedad estadounidense. Esta historia, que se desarrolla casi en la misma época en que fue escrita retrata a las personas que vivieron con despreocupación los locos años veinte en medio de la Prohibición (con total indiferencia por las personas que pudieran quedar atrapadas en su trama de intereses personales) quizá como reacción al horror de la Primera Guerra Mundial.

viernes, 18 de mayo de 2018

Lord Jim

Classics Illustrated (Estados Unidos, 1968)
“Cuando tratamos de enfrentar las necesidades íntimas de otros, percibimos cuán incomprensibles, vacilantes y nebulosos son los seres que comparten con nosotros la visión de las estrellas y el valor del sol. Es como si la soledad fuese la condición dura y absoluta de la existencia; la envoltura de carne y sangre en que se clavan nuestros ojos se licua ante nuestra mano extendida, y sólo queda el espíritu caprichoso, inconsolable y fugaz que ninguna mirada puede perseguir, ninguna mano aferrar.”
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En la novela “Lord Jim” de Joseph Conrad, publicada en 1899, el capitán Marlow relata la historia del marinero Jim basándose en los hechos que conoció de primera mano y en los testimonios que le llegaron por distintas fuentes. Se trata de un hombre a quien un rígido código moral le impide olvidar un suceso en el que no actuó de acuerdo a sus convicciones.
El Patna, un barco que naufraga en el océano Índico, es abandonado por la tripulación de la que Jim hace parte, aunque sólo él sufrirá por los señalamientos que se les harán debido a esa conducta deshonrosa.
Después de su “fracaso”, Jim se dedicará a pasar de un trabajo a otro sin detenerse mucho tiempo en ningún lugar. Como si se castigara por haber fallado en un momento en donde su autodominio fue puesto a prueba.
Más tarde, cuando parece haber encontrado un lugar en el mundo, en la selva, alejado de la civilización a la que pertenece, ésta lo alcanza para retarlo una vez más en cabeza de un seudo pirata que odia lo que él representa. La respuesta que da Jim a ese reto no satisfará a las personas con quienes ha conformado una sociedad paralela a aquella de la que se ha separado.
Muchos de los que han conocido a Jim coinciden en llamarlo ingenuo por su incapacidad de ver el mundo tal como es. Stein, su último jefe, lo tacha de romántico. Quizá sea esta la mejor definición para un hombre que está dispuesto a pagar con su vida por los errores cometidos.

viernes, 11 de mayo de 2018

Bola de sebo

Fotograma de la película soviética Pyshka (Bola de sebo) de 1934
La mujer, una de esas llamadas galantes, era célebre por su precoz gordura, que le había valido el sobrenombre de Bola de Sebo. Baja, redonda por todas partes, gorda a reventar, con dedos hinchados, estrangulados en las falanges, semejantes a rosarios de pequeñas salchichas, de piel brillante y tensa, un pecho enorme que resaltaba bajo el vestido, era todavía apetitosa y buscada, pues su frescura era agradable a la vista. Su rostro era una manzana roja, un pimpollo de peonía pronto a brotar; y en todo eso se abrían, arriba, dos ojos negros. magníficos, sombreados por grandes pestañas espesas que ponían una sombra dentro de ellos. Abajo, una boca encantadora, angosta, húmeda para el beso, adornada por dientes brillantes y menudos.
Poseía, además, según se decía, cualidades inapreciables.”
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En el desolador escenario de la derrota francesa en la guerra franco prusiana de 1870 se desarrolla un drama que tiene como protagonista a Elisabeth Rousset más conocida como Bola de sebo, una mujer de la vida galante en la ciudad de Ruan.
Este relato publicado en 1880 por Guy de Maupassant, nueve años después de finalizada la guerra, cuenta un hecho donde intervienen directamente diez personajes que en determinado momento se ven a merced de un militar prusiano.
En un coche que huye de la ciudad invadida, viajan unas personas que representan en mayor o menor medida la sociedad de una ciudad secundaria: la nobleza, la pequeña burguesía, la iglesia, los marginales. Cada uno de ellos tendrá un papel en el drama que se escenificará en una posada adonde llegará el coche después de un largo viaje. En ese lugar empezará el asedio por parte de un oficial prusiano y de siete de los viajeros sobre la voluntad y el patriotismo de Bola de Sebo.
Su profesión la hace odiosa, pero su generosidad la acerca durante un breve tiempo a ellos. Las circunstancias la convierten paradójicamente en salvadora para luego ser devuelta al lugar donde la mala conciencia de sus acompañantes la ha ubicado siempre.
La pluma de Maupassant, un escritor que supo analizar con habilidad el comportamiento humano, retrata nítidamente la forma en que los principios morales se aplican o no según convenga. Una situación que puede repetirse en cualquier sociedad contemporánea donde los prejuicios siguen tan vigentes y virulentos como en el lejano siglo XIX. La diferencia está en que los rechazos han cambiado de forma y de color adquiriendo el eufemístico aspecto de lo que se ha dado en llamar políticamente incorrecto.

viernes, 4 de mayo de 2018

La voz humana

“...Hablo, hablo; creo que nos estamos hablando como de costumbre y después de repente se me presenta la verdad ...... (Lágrimas) ...... ¿Para qué hacerse ilusiones? ...... Sí ...... sí ...... ¡No! En ese tiempo se veía uno. Podía perderse la cabeza, olvidar las promesas, arriesgar lo imposible, convencer a los que uno adoraba besándoles, aferrándose a ellos. Una mirada podía cambiarlo todo. Pero con este aparato, lo que se acabó, se acabó ......”
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En 1930, hace casi noventa años el polifacético artista Jean Cocteau escribió esta pequeña obra maestra que fue estrenada en París por la actriz Berthe Bovy en la Comédie Française. Desde entonces actrices de gran calibre como Ingrid Bergman o Anna Magnani han dado aliento a este monólogo para comunicar todas las emociones que cualquier ser humano que se halla visto en una situación semejante conoce muy bien: una persona que a pesar de ser consciente de la ruptura de su relación declara abiertamente un amor incondicional.
Toda la angustia de una mujer que sabe que su relación ha terminado se refleja en una conversación telefónica que ilustra con claridad sus sentimientos y los de la persona a quien no intenta convencer, pero de quien está completamente enamorada. Con la voz desgarrada por la emoción cuenta las trampas y pequeñas mentiras que se dice a sí misma y a su interlocutor para lograr remontar la sima depresiva en la que se halla.
No es casual que la conversación sea interrumpida por las fallas del teléfono o las interferencias; así es la comunicación entre la gente.
Leer este texto no le tomará más de media hora a un lector promedio, sin embargo puesto en escena dura mucho más porque es en el escenario donde las palabras adquieren toda su dimensión por cuenta de los silencios, de las expresiones del rostro y los movimientos del cuerpo que acompañan a ese fenómeno compuesto de aire y espíritu que es una voz humana.
En esta época de grandes avances tecnológicos sigue produciendo el mismo desasosiego, como en la década de los años treinta, una comunicación precaria e incierta que al fin y al cabo, y en muchas ocasiones, no depende de los medios que se utilizan para establecerla, sino de la voluntad.