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viernes, 15 de mayo de 2020

La máscara de la muerte roja


“La «Muerte Roja» había devastado el país durante largo tiempo. Jamás una peste había sido tan fatal y tan espantosa”.
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De los siete pecados capitales, que puede cometer un ser humano contra otro o contra sí mismo, quizá el que se considera menos grave en esta época es el de la soberbia.
En La máscara de la muerte roja, cuento publicado en 1842, Edgar Allan Poe retrata con unos cuantos trazos un personaje que podría figurar en la basta galería de tópicos literarios como la representación de la arrogancia.
Durante una de las tantas pestes que han asolado a la humanidad en su ya larga historia, el príncipe Próspero reúne a sus más allegados y se retira con ellos a una abadía fortificada donde las fiestas y los banquetes se suceden en un aparente aislamiento que salvará sus vidas y les permitirá entregarse al placer, libres de toda aflicción.
A los seis meses de reclusión el príncipe resuelve dar una magnifica fiesta de disfraces que tiene como escenario siete espléndidas y suntuosas salas -donde se divierten sus mil acompañantes- cuya decoración de aspecto delirante está iluminada y realzada por una luz teñida por un tono diferente del espectro cromático. Pero en la última de ellas todo es lóbrego: una luz roja cae sobre la negra superficie de todas las cosas. Es en ese lugar donde Próspero enfrentará al extraño invitado que ha aparecido en este desenfrenado y sorprendente gaudeamus, ataviado de manera por demás ofensiva.
En este cuento uno de los maestros de la literatura representa el miedo que se disfraza de alegría y la insensatez para la que no parece que llegue a existir una cura, pues cada vez que la humanidad enfrenta una crisis que amenaza su supervivencia espera que de ella se extraiga un aprendizaje que se incorpore a su bagaje de conocimientos. Vana ilusión; la memoria humana dura muy poco. Quizá por eso existen los libros, para ayudarnos a recordar, pero su contenido también se olvida, cuando no se abren con regularidad.

jueves, 19 de enero de 2017

Las mil y una noches

Pocas obras literarias tienen tanta fama y han resistido tanto el desgaste del tiempo como Las mil y una noches de autor o autores desconocidos. Pero también son pocas las que han soportado tantos asaltos de editores bien y mal intencionados.
Entre las versiones más conocidas en español está la traducción que hizo Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928) de la versión francesa de J. C. Mardrus (1868-1949). Es en ésta, al parecer, donde se han basado la mayoría de las que conocemos los hispano hablantes. Sin embargo, son escasas las ediciones completas de esta obra. A pesar de todo, las compilaciones, los resúmenes y las alteraciones de segunda y tercera mano han acercado a millones de lectores al mundo prodigioso que allí se retrata: lugares misteriosos, huríes de asombrosa belleza, tesoros fabulosos, califas y emires dueños de la vida y hacienda de sus súbditos.
Por lo general los libros que se hacen llamar Las mil y una noches se enfocan en algunos relatos de genios, alfombras voladoras o hechos fantásticos. Pero esta obra es mucho más. Es una combinación de historias que tienen su propio desarrollo aunque siempre vuelven al origen: Sherezada, quien cede constantemente la voz a múltiples narradores para que envuelvan al lector y lo pongan en presencia de personajes que son los verdaderos protagonistas y cuyo número parece infinito. Tal vez por eso fue una de las obras preferidas de Borges.