domingo, 2 de diciembre de 2018

Una pizca de maldad

“…donde fuera que estuviera, tenía la sensación de que nada tenía sentido. El mundo no me necesitaba, o mejor dicho, no había ni una cosa que me uniera al mundo.”
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En Una pizca de maldad, la novela del escritor chino Ah Yi publicada en 2012, un asesino de 19 años describe los preparativos y la ejecución de un crimen, así como las medidas que toma para escapar dejando a propósito pistas para ser encontrado. Narra las circunstancias que rodean el hecho y las reflexiones y deseos que lo llevan a cometer el asesinato de una persona por la que siente afecto y respeto, así como las consecuencias a las que se ve enfrentado.
De manera errática intenta, más que justificar, explicar sus acciones, pero su indiferencia emocional le impide llegar a una conclusión satisfactoria.
El protagonista, después de meditarlo mucho, escoge detenidamente la víctima para que su muerte cause el mayor impacto posible: una joven que estudia en su mismo colegio, la única amiga que ha tenido. Se decide a matar impulsado por la necesidad de hacer algo que llene el vacío que lleva consigo. Con excesiva violencia realiza un acto gratuito en la creencia de que le inyectará emoción a una vida que desde su perspectiva carece de sentido.
Ha pensado muchas veces en suicidarse pero lo ha descartado al recordar el sabor de uno de los platos de un restaurante de comidas rápidas; ese es el nivel de profundidad de los sentimientos de un personaje que en todo caso no alcanza a despertar ni el rechazo ni la simpatía del lector.
Después de leer Una pizca de maldad se plantean de nuevo las preguntas que se repiten una y otra vez sobre la absurda violencia que aqueja nuestra época.

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